domingo, 27 de septiembre de 2026

Mis muertos tristes y los fantasmas sociales.

 



Quienes hemos leído a Mariana Enríquez sabemos de qué van sus historias. Reina en crear universos en los que el cruce entre lo sobrenatural, lo fantástico, lo grotesco y el horror, se abrazan y nos abren sus puertas para adentrarnos en historias de fantasmas que emergen para traer al presente de su enunciación hechos no resueltos. Hechos que retornan, se repiten, se transforman y, en ocasiones, encuentran expresión mediante relatos míticos o sobrenaturales. Los fantasmas, ya sea como presencias incorpóreas o como cuerpos que regresan, funcionan como testigos de aquello que se intenta olvidar y como mensajeros de una memoria que se resiste a desaparecer. La propia Enríquez ha definido a estos fantasmas como una forma de memoria: aquello que vuelve una y otra vez y que muchas veces no puede calmarse porque está ligado a la injusticia.

Todo eso está plasmado en los cuatro capítulos que conforman la miniserie Mis muertos tristes, estrenada el 24 de septiembre en Netflix. La serie articula distintos relatos de Enríquez, entre ellos Mis muertos tristes, Julie y Un lugar soleado para gente sombría, para construir una nueva trama en la que los personajes, los espacios y los fantasmas confluyen en el barrio Piedrabuena. Está lograda su mirada social. Es La Enríquez: si no les gusta, no la consumen y ya. La serie pone en escena temas como la marginalidad, la carga del estigma por pertenecer a determinadas zonas, las heridas que deja la falta de comunicación, los estereotipos instalados, la cultura popular, el bullying, la depresión, la maternidad y los vínculos filiales, aquello que una sociedad decide considerar normal y aquello que expulsa hacia el territorio de lo monstruoso. También aparecen el consumo de drogas fuertes para poder sostener el rendimiento laboral y su consecuente adicción, un fenómeno del que existen numerosos casos en el ámbito médico, aunque se hable poco de ello, las drogas adulteradas, los lazos familiares, el aspiracionismo y la dictadura.

También está esa dimensión de lo social que aparece cuando el miedo nos despoja de aquello que creemos que nos hace humanos. La serie vuelve sobre situaciones en las que prima lo animal antes que lo humano y alguien que pide ayuda termina abandonado por el miedo o la indiferencia. Ahí aparece el eco del caso de Matías Berardi, pero también una idea más amplia: la de una sociedad que puede convertirse en espectadora de la muerte de otro. En este sentido, el horror de Enríquez no necesita inventar monstruos porque muchas veces alcanza con observar aquello que hacemos, aquello que dejamos de hacer y las formas en que aprendemos a mirar hacia otro lado.

Luego  está Julie, la joven obesa y patologizada y el enganche casi inevitable con otro caso real que quedó instalado en el imaginario contemporáneo: el de Elisa Lam, una joven que se movía en un estado de extrañamiento, una presencia difícil de comprender, el agua como espacio de muerte y, especialmente, la imagen del tanque elevado. Elisa Lam, una joven canadiense de 21 años, desapareció en 2013 durante su estadía en el Hotel Cecil de Los Ángeles y fue encontrada muerta dentro de uno de los tanques de agua ubicados en la azotea del hotel; su muerte fue posteriormente clasificada como un ahogamiento accidental.

Mis muertos tristes convierte justamente al tanque de agua de Piedrabuena en una presencia visual recurrente. La propia sinopsis oficial de Netflix señala la aparición de la torre de agua como uno de los elementos inquietantes. En este caso, el tanque deja de ser simplemente un objeto arquitectónico para convertirse en una especie de depósito de aquello que la comunidad no quiere mirar. Es como si debajo de la superficie cotidiana del barrio existiera siempre algo sumergido que, tarde o temprano, tiene que volver.

La fotografía me gustó porque no hay matices, todo es gris. Rescato la toma que se halla en el capítulo tres, cuando enfocan desde arriba el tanque de agua de Piedrabuena y suena un piano tétrico. Para mí fue como mirar desde arriba las puertas de ese infierno en el que el sinvivir es un denominador común. Y quizá ahí esté una de las claves más interesantes de la serie: mirar desde arriba,  tomar distancia para descubrir todo aquello que permanece oculto a simple vista. El barrio, sus muertos, sus habitantes y sus historias aparecen como capas de una misma memoria. Los fantasmas no vienen solamente desde otro mundo: parecen surgir del propio territorio, de sus heridas y de aquello que sus habitantes no pudieron, o no quisieron, elaborar.


El tanque de agua de Piedrabuena, en Villa Lugano, es parte de la infraestructura que conecta y abastece a quienes habitan los monoblocks del complejo, de modo que el agua atraviesa literalmente la vida cotidiana de esa comunidad. En la serie, ese mismo tanque se transforma en una presencia inquietante porque es desde donde emerge el horror. El agua, deja de ser un sustento de la vida humana para convertirse en un vínculo entre quienes allí moran y los no vivos. 



miércoles, 2 de septiembre de 2026

El relato de un asesino

 

Ricardo Barreda y el problema de la verdad


La pelicula  Barreda, sobre los asesinatos cometidos por el odontólogo argentino Ricardo Barreda en 1992, comienza poniendo el foco en la veracidad de los hechos relatados por el profesional. El film comienza abriendo con las preguntas: si todos fueron asesinados, ¿quién contará la historia? ¿El asesino?

Lo cierto es que Barreda se nos revela como la antítesis de lo que los medios de comunicación construyeron sobre la figura del dentista en aquella época. El hombre erige, en articulación con su abogado, estrategias para que el peso de la ley o bien lo declare insano o bien los años que deba cumplir de condena sean los menos posibles. Yo era el lacayo, el chofer; si se me caía un botón, me lo cosía yo, y nunca había un reconocimiento ni un agradecimiento, le comenta a su abogado, quien le pide algo más fuerte, algo que despierte simpatía por su figura, vapuleada y muy criticada en el afuera. No les importaba que yo fuera el hombre, el que tenía la…, y hace un gesto con sus manos sobre su miembro. Yo era una concha. Yo era la concha de la casa, y ni siquiera la concha, era la conchita. Decí eso, decí que me decían conchita. Ese es el discurso que construyen para acceder a una verdad que le brinde la posibilidad de salir airoso.

Claro que no admite su culpabilidad desde el inicio, sino que confiesa a medias cuando se ve descubierto, cuando le comentan que saben que él hizo un curso de criminalística en el Colegio de Abogados.

Resulta penoso conocer que el arma que utilizó para los asesinatos había sido un obsequio de su suegra, Elena Arreche. Que, además, el criminal haya sido glorificado por otros hombres que justificaban la matanza bajo argumentos machistas. Crearon imágenes de él con vestimenta de santo, a la manera de estampitas cristianas, y hasta una canción le dedicó la banda Attaque 77. Digno de una película de horror. Por otro lado, resulta gratificante conocer las voces y las miradas de las víctimas, a las que nadie jamás podrá volver a oír.

Ricardo Barreda asesinó a escopetazos a su suegra, a su mujer, Gladys McDonald, y a las dos hijas que tenía en común, Cecilia y Adriana Barreda. Los asesinatos confluyen con los proyectos de las jóvenes de marcharse del hogar: una se casaba y la otra se marchaba a vivir con su pareja, mientras que la esposa ya había solicitado el divorcio por el maltrato padecido a lo largo de los años y las infidelidades de su pareja. Todo parece indicar que se trató de un asesinato frío y cruelmente premeditado, en un contexto en el que también estaban en juego los bienes en común. Un cobarde a quien la Justicia condenó a cadena perpetua, pero que cumplió apenas 17 años de prisión y luego pudo vivir una vida normal y en pareja.

                                                           Las cuatro víctimas asesinadas

Desde una perspectiva feminista, quizás lo más perturbador no sea únicamente que Barreda haya asesinado a cuatro mujeres, sino que después de hacerlo haya podido convertirse en un personaje, en una figura de culto, en un hombre al que otros hombres encontraron un referente a quien reivindicaron e incluso santificaron. Mientras ellas quedaron reducidas durante años a cifras, nombres dentro de una crónica policial o personajes secundarios de la historia de su asesino, él consiguió conservar una voz. Y esa es, quizás, la pregunta que el film vuelve a poner sobre la mesa: ¿qué ocurre cuando la historia de un feminicida se vuelve más poderosa que las historias de las mujeres a las que asesinó? Recuperar sus voces no significa solamente recordarlas, sino también disputar el relato que durante décadas hizo del asesino el protagonista.

Les dejo la cancion que Attaque 77 le dedicó:



Aqui les dejo el enlace a un grupo en el que verán la estampita de San Barreda con oracion incluída. El horror al leer lo que allí dicen, es indescriptible. Denuncien, por favor. 


Y recuerden hermanas: si alguna enseñanza sacamos de acá es que ningún tipo puede venir a violentarnos en nombre del fastidio . Que la próxima invocación sea para que ninguna de nosotras sea callada nunca jamas en la vida por el motivo que sea. Nuestra voz no se negocia. Se levanta y se defiende.
 
Landra Darvulia

miércoles, 29 de julio de 2026

El cuerpo como raíz de resistencia, por Landra Darvulia.

 Volvió a recorrer con la vista los objetos de la casa. Nada de lo que había allí era suyo. Del mismo modo que su vida, no había sido nunca su vida.

Hoy terminé de leer La vegetariana, de la escritora surcoreana Han Kang. La verdad es que me llevé un sorpresón. Suelo tomarme mi tiempo para leer porque no me gusta pasar por alto los detalles, pero desde que empecé la novela anoche no pude dejarla. 

Con una prosa perturbadoramente poética, Han Kang nos cuenta la historia de Yeong-hye, una joven que, tras sufrir pesadillas recurrentes, decide dejar de comer carne. Lo que en principio parece un simple cambio de hábitos pronto se convierte en una ruptura con el orden que organiza su vida y las relaciones que la rodean.

La novela está estructurada en tres partes, narradas desde las perspectivas de quienes observan a Yeong-hye: primero, su marido, un hombre profundamente egoísta e incapaz de comprender a su esposa; luego, su cuñado, un artista fascinado por ella que intenta encontrar un sentido a su decisión; y, por último, su hermana In-hye, quizá el personaje que mejor logra comprender el peso de aquello que Yeong-hye está atravesando. Resulta significativo que la protagonista casi nunca tenga voz directa, sino que son los demás quienes hablan sobre ella, la interpretan, la juzgan y deciden qué hacer con su cuerpo y con su vida.

La historia transcurre en Corea del Sur, principalmente entre el ámbito familiar y el hospital psiquiátrico, y pone el foco en el cuerpo femenino como un territorio sobre el que otros creen tener derecho a decidir. A través de la experiencia de Yeong-hye, la novela explora las diferencias entre las categorías hombre/mujer, los mandatos sociales, el machismo, el imperativo del rendimiento, el consumismo, la alienación, la soledad y la presión constante de la mirada ajena  y cómo esta termina disciplinando los cuerpos y las conductas. No se trata únicamente de la decisión de dejar de comer carne, sino de todo aquello que esa decisión pone en evidencia.

¿Qué desafía Yeong-hye al decidir no consumir más carne? ¿Qué tensiones revela ese gesto frente a las normas que pretenden contenerla? ¿Qué cambia dentro de ella para rechazar aquello que la sociedad le impone? ¿Realmente cambia o simplemente deja salir algo que siempre estuvo allí, oculto bajo las expectativas de los demás?

Lo cierto es que ese cambio desencadena otros: cuestiona la idea misma de libertad (¿existe realmente?), el deseo sexual (¿alguna vez fue suyo?), el lugar que ocupa dentro de la familia y el rol que se espera que desempeñe como esposa. Su negativa se convierte, para quienes la rodean, en una amenaza. De pronto, ya no es una mujer que toma una decisión sobre su propio cuerpo, sino alguien que debe ser corregida, controlada o, finalmente, medicalizada.

A medida que avanza la novela, comienzan a aparecer los actos más ruines de quienes se consideran "normales" y señalan a Yeong-hye como si fuera la única que hubiera perdido la razón. Acá viene un spoiler importante. En uno de sus recuerdos de infancia evoca el día en que el perro de su padre la mordió. Como represalia, el padre ata al animal a un automóvil y lo hace correr hasta matarlo para que, según él, su carne sea más tierna. Después lo cocinan y obligan a la niña a comerla porque creen que así sanará (esa escena en mi cabeza fue brutal porque viví algo parecido de pequeña). Ese episodio permite comprender que el conflicto nunca fue únicamente el vegetarianismo. La carne deja de ser un alimento para convertirse en un símbolo de una violencia mucho más profunda, una violencia que atraviesa las relaciones familiares, los vínculos de pareja y la forma en que la sociedad espera que una mujer se comporte.

Al terminar la novela no pude evitar preguntarme quién, en su sano juicio, no querría devenir otra cosa antes que seguir siendo una mujer obligada a vivir bajo esas condiciones: con un padre que descarga su violencia sobre tu cuerpo por el simple hecho de no ser condescenediente como su hermana mayor, con un marido que te utiliza sexualmente cuando llega borracho del trabajo, con una familia que prefiere verte internada en un hospital psiquiátrico antes que aceptar que puedas decidir sobre tu propia vida.

Quizá por eso Yeong-hye desea convertirse en árbol, en flor, en vegetal. Su transformación invita a pensar que no se trata solo de una enfermedad o de una forma de locura, sino también del rechazo más radical a un mundo construido sobre la violencia, la dominación y el consumo. Dejar de ser humana para dejar de participar de esa lógica.



martes, 14 de julio de 2026

Pioneras del fútbol femenino: ¿Existen nuestras heroínas? por Myrbeth Bazán

Las jugadoras de la Selección Argentina de fútbol femenino celebran su victoria ante Inglaterra Foto: Salamanca cine, Buenos Aires Herald150, 8/3/24. 


¿Existen nuestras heroínas? 

Tomo prestada una de las preguntas que la periodista Ayelén Pujol hace al inicio de su libro ¡Qué jugadora! para esbozar apenas un bosquejo de un hecho histórico del fútbol femenino argentino. 

Después del sábado 11 de Julio pasado cuando la selección nacional se clasificó para las Semifinales del Mundial 2026 que se está disputando todavía al escribir estas palabras, y de saber que nuestro rival sería Inglaterra, presencié la explosión en redes de memes, de estadísticas, el recuerdo del 86, el Diego, los goles, el sentimiento y el reclamo por Malvinas. Pero mientras veía todo eso, no podía dejar de pensar en otro partido. Uno del que casi no se habla. 

Existió un mundial femenino en México en 1971 y aunque la FIFA no lo reconoce como oficial, en él participaron selecciones de varias naciones y hubo estadios repletos.

Las pioneras olvidadas. 

La selección argentina femenina participó en el II Mundial Femenino de México 1971 considerado no oficial porque la FIFA se negaba a realizar torneos femeninos. Digamos TODO. Recién en 1991 llegaría el reconocimiento oficial. 

Las jugadoras arribaron a México sin apoyo institucional y viajaron casi de milagro. Varias de ellas tuvieron que comprar sus propios botines, compartían las camisetas, no había cuerpo médico ni masajista ni entrenador estable. 

En el primer partido México le gana a nuestra selección por 3 a 1. Tan escandaloso y evidente fue el arbitraje desfavorable para nuestras jugadoras que hasta la prensa mexicana se hizo eco del mismo titulando: “Despojaron del partido a las Che”. Otros diarios la llamarían también “Las Evas”.  

El próximo partido sería el 21 de Agosto y el rival sería Inglaterra. Y para ilustrar los acontecimientos de ese glorioso día del fútbol argentino femenino les traigo las palabras de una de sus protagonistas Gloria “Bety” García “Les dimos un baile terrible, jugamos como los dioses. Ganamos 4 a 1 con cuatro goles de Elba Selva” (Ayelén Pujol, Página 12, 12/5/2018). 

Así es mi querida lectora, lo que estás leyendo: antes del 86’ hubo una epopeya con pies y garra de mujer y fue la de ganarle a Inglaterra en un Mundial nada menos que por 4 a 1, todos metidos en el arco por la magia de Elba Selva. Nunca otra futbolista argentina volvió a convertir 4 goles contra Inglaterra en un mundial femenino. 

Memoria y homenaje 

El próximo mes de Agosto, cuando haya pasado este mundial masculino no olvidemos una fecha muy importante. En Argentina se instituyó el “Día de la Futbolista Argentina” precisamente en homenaje al 21 de agosto de 1971 y a los cuatro goles de Elba Selva frente a Inglaterra. 

¿Por qué quedaron olvidadas? ¿Acaso no son nuestras heroínas también si le ganaron a Inglaterra aunque el mundial no haya sido reconocido oficialmente (las razones se las discuto con el cuchillo entre los dientes a cualquiera que me niegue que ese reconocimiento no se les dió hasta muchísimos años después solo por el hecho de ser mujeres. Vengan de a uno) ni por la AFA ni por la FIFA. Además, casi no hubo cobertura periodística: muchas fotos y documentos se recuperaron casi en forma exclusiva por las protagonistas de la historia aquí contada. Y no quiero dejar de lado tampoco que el éxito del fútbol masculino eclipsó completamente aquella historia.

Sin embargo, hoy muchas de esas mujeres son reconocidas como las fundadoras del fútbol femenino argentino. Y bien ganado se lo tienen. Ahora nos toca a quienes nos llega la historia, replicarla, hacerla visible y que un día ante cualquier partido contra Inglaterra, recordemos también que LAS PIONERAS hicieron historia y son nuestras heroínas. 


Dejo un especial agradecimiento a Lucía Levy de la Curva de la Moda, porque gracias a ella y su video “La historia del fútbol femenino que no te contaron” pude conocer a estas mujeres que me resuenan inspiradoras para miles de niñas, jóvenes y mujeres que aman el fútbol, lo juegan o quieren participar o están ya insertas en el deporte en forma amateur o profesional. Yo, desde esta cancha, desde mi posición en el territorio de cualquier hincha, que nunca lo jugué pero siempre reclamé mi derecho a ser una apasionada sin ser tratada con adjetivos que nunca le pondrían a cualquier varón cuando grita con la misma pasión que yo lo hago, en cada partido de la selección argentina de fútbol. 

Gracias Lucía por llevarme a leer a Ayelén Pujol y su libro ¡Qué jugadora! del que próximamente hablaré en nuestra Revista Engendras. Por ellas, por nosotras, por todas las mujeres que amamos el fútbol. 

Bibliografía 

-Canal La Curva de la Moda 

https://youtu.be/o1gehAtes5c?si=GCl0OPeDY0WXPVD

-Pujol Ayelén, ¡Qué jugadora! , 2024, Editorial Ariel 

-Documental: México 71, dirigido por Carolina Gil Solari y Carolina M. Fernández. Estrenado en Diciembre de 2023


 


domingo, 28 de junio de 2026

Pasar del reclamo por Myrbeth Bazán


Pasar del reclamo


Es lo que más queremos, porque pasar del reclamo a otra cosa que nos incumbe a las mujeres o a las niñas que hemos sido, son y serán, sin dudas sería, el gran salto de la humanidad; y dejaríamos de considerar que solo escuchamos esa frase porque el hombre llegó a la luna, por ejemplo. Cómo si en ese evento no hubieran estado mujeres involucradas para que suceda, algo que conocemos desde hace muy poco tiempo. 


Pasar a otra cosa, porque la vida es un continuo pero para nosotras no. Siempre debemos reclamar justicia porque no la tenemos ni la obtenemos en la misma medida que los varones. Nunca sería la palabra ideal. Si existen casos aislados para referenciar, no hay equidad. El desequilibrio marca que la justicia tiene la balanza inclinada para un solo lado y no es para el lado de las mujeres precisamente. 


Reclamamos siempre un lugar para que nos tengan en cuenta: en la música, en la literatura, en el arte en general y en otros en particular. Lo hacemos no porque seamos minoría, sino porque nos tratan como una, y si pudieran, nos invisibilizarían aún más. 


Es agotador. 


Espacios que nos fueron negados, que aún nos siguen negando, que nos consideran menos. Regiones donde se nos prohibe estudiar, vestir como queremos, hablar con quienes querramos, tener voz y decisión en algo siquiera. 


En la guerra somos botines, cuerpos para aleccionar a los otros, para lastimar, herir, violar y matar como si fuésemos despojos. ¿Creen que es porque se despertaron un día y se dieron cuenta de que no debíamos existir y listo? No, es un sistema. Uno que funciona aceitado y se mantiene firme, incluso captando a otras mujeres que lo defienden, lo apañan y operan como agentes infiltrados. Sin darse cuenta que tampoco eso las salvará ni las protegerá porque el sistema además, es fundamentalmente misógino.


Por eso asusta la rabia, el enojo y el reclamo. Cúrtanse. Soporten. Siglos haciéndolo nosotras. Aprendan que no muerde. 


¿Te sentiste tocado? Pasá del reclamo y hacé algo con eso. Nosotras lo hacemos todos los fuckin días de nuestra existencia. 


Saludos no cordiales. 


Myrbeth Bazán 
 

martes, 23 de junio de 2026

Se dice femicidio - Por Antonella G.



 Con frecuencia noto que la desinformación, o quizás la ignorancia, conduce a la tibieza, a la frialdad, a la pelotudez. Cuando escucho a un hombre quejarse de la justicia y decir que le pone en desventaja frente a una mujer, me sale humo de los oídos. En primer lugar porque tenés que ser una persona helada (por no decir un sorete) para preocuparte más por una “desigualdad” ante la ley (que ni siquiera existe) que por el hecho de que nos matan todos los días. “A nosotros también nos matan”, “Si un hombre denuncia violencia de género se le ríen”, a ver, siéntense en ronda, niños: te aseguro que no son mujeres las que los asesinan todos los días. Si ustedes se matan entre sí, ¿qué culpa tiene el feminismo? Si no quieren que se les rían cuando son ustedes los que necesitan denunciar, infórmense, dense cuenta que es el mismo patriarcado el enemigo y no nosotras. No somos nosotras las que nos reimos de varones violentados, son ustedes los que hacen chistes en torno a la violencia de género y niegan la opresión patriarcal. Por eso quiero aprovechar este espacio para difundir una cuestión, sobre todo en este contexto en el que nos quieren robar hasta el lenguaje: es completamente lógico decir femicidio, lo ilógico es estar en contra y decir que esto los pone en desventaja a ustedes. Cuando se habla de un homicidio agravado, por ejemplo, por vínculo de padre - hijo ¿también les parece mal que exista el agravante por vínculo? Ya sé que si la victimaria es mujer les resulta más indignante, pero el femicidio es justamente un homicidio agravado. ¿Por qué les parece mal, si en el código penal sigue siendo "homicidio agravado por mediar violencia de género (art. 80 inc. 11)”? ¿Por qué les molesta más cómo lo llamamos que lo que realmente implica? Lo mismo sucede con el transfemicidio, no vamos a dejar de usar estas palabras, porque es necesario nombrar, lo que no se nombra no se ve, lo que no se nombra permanece oculto y se cree que no existe porque nunca escuchamos eso. #NiUnaMenos

                                                                                 

                                                                                                                          Antonella G.(@rojuela.ok)


Monstrua Mítica: Medusa, por Antonella G.

 

Medusa de Caravaggio

Engendras: hijas del abismo. Año 1, número 1.
Fecha de publicación: 13/02/2026.


Fuente principal de este artículo: Diosas Guerreras y Brujas de Kate Hodges.

Tres eran las gorgonas, hijas de Forcis y Ceto, Medusa era la única mortal. Las versiones varían según el autor. En definitiva, Medusa era una joven de cabello hermoso, sacerdotisa de la diosa Atenea. La diosa y Poseidón tenían una disputa por el patronato de Atenas. Poseidón había incluso dejado a las mujeres sin derecho al voto pero, lo cierto es que la patrona de Atenas era Atenea. Al dios de los océanos, le atraía Medusa, un día la asechó y ella se refugió en el templo de su diosa, en donde él la violó. La diosa Atenea lo tomó como una ofensa, culpó a Medusa de representar la lujuria y la castigó con una maldición. Todo el que la mirase a los ojos quedaría petrificado, sus cabellos los convirtió en serpientes. En algunas versiones la maldición alcanzó a sus hermanas, convirtiendo sus pieles en escamas y demás. Las tres gorgonas se refugiaban en una isla en los confines del mundo. Perseo ayudado por los dioses, la encontró y le cortó la cabeza, de las gotas de su sangre que cayeron al suelo, nacieron los hijos del abuso, Pegaso y Crisaor. Finalmente su cabeza, que seguía petrificando a quien la mirase, fue añadida al escudo de Atenea. 

Los talismanes con la cara de Medusa protegían hornos panaderos y obras de arte que no debían tocarse. Además hay obras de artes famosas inspiradas en ella, mi favorita siempre será la Medusa de Luciano Garbati (escultor argentino).

Medusa como monstrua malvada y desagradable, fue utilizada en la jerga de las campañas políticas, contra Hillary Clinton, ponían su cabeza en la mano de un Donald Trump triunfante. A María Antonieta también la dibujaban con serpientes en su cabeza. Curiosamente el uso de la comparación despectiva con Medusa fue siempre dirigido a mujeres vinculadas con el poder.

En la actualidad Medusa es un ícono en el feminismo, porque lo cierto es que fue una jovencita abusada y culpada por ello, hoy es símbolo de fortaleza para sobrevivir a un trauma tan duro y a la injusticia patriarcal, que hoy duda de nuestras palabras, que nos juzga en lugar de juzgar a los monstruos que de verdad cometen crímenes.

Por último, quiero compartir mi interpretación del mito: lo que Atenea le otorgó a Medusa como castigo, en realidad fue un arma. Arma que la diosa usó en su favor, pero que mantuvo a Medusa a salvo de los hombres, nunca más iban a poder abusar de ella. No creo que esa haya sido la intención de la resentida diosa, pero ojalá todas tuviéramos ese poder de convertirlos en piedra. Sin duda seríamos menos víctimas del patriarcado.

                                                                                                         


                                                                                         Antonella G. (@rojuela.ok)

Mis muertos tristes y los fantasmas sociales.

  Quienes hemos leído a Mariana Enríquez sabemos de qué van sus historias. Reina en crear universos en los que el cruce entre lo sobrenatur...