domingo, 28 de junio de 2026

Pasar del reclamo por Myrbeth Bazán


Pasar del reclamo


Es lo que más queremos, porque pasar del reclamo a otra cosa que nos incumbe a las mujeres o a las niñas que hemos sido, son y serán, sin dudas sería, el gran salto de la humanidad; y dejaríamos de considerar que solo escuchamos esa frase porque el hombre llegó a la luna, por ejemplo. Cómo si en ese evento no hubieran estado mujeres involucradas para que suceda, algo que conocemos desde hace muy poco tiempo. 


Pasar a otra cosa, porque la vida es un continuo pero para nosotras no. Siempre debemos reclamar justicia porque no la tenemos ni la obtenemos en la misma medida que los varones. Nunca sería la palabra ideal. Si existen casos aislados para referenciar, no hay equidad. El desequilibrio marca que la justicia tiene la balanza inclinada para un solo lado y no es para el lado de las mujeres precisamente. 


Reclamamos siempre un lugar para que nos tengan en cuenta: en la música, en la literatura, en el arte en general y en otros en particular. Lo hacemos no porque seamos minoría, sino porque nos tratan como una, y si pudieran, nos invisibilizarían aún más. 


Es agotador. 


Espacios que nos fueron negados, que aún nos siguen negando, que nos consideran menos. Regiones donde se nos prohibe estudiar, vestir como queremos, hablar con quienes querramos, tener voz y decisión en algo siquiera. 


En la guerra somos botines, cuerpos para aleccionar a los otros, para lastimar, herir, violar y matar como si fuésemos despojos. ¿Creen que es porque se despertaron un día y se dieron cuenta de que no debíamos existir y listo? No, es un sistema. Uno que funciona aceitado y se mantiene firme, incluso captando a otras mujeres que lo defienden, lo apañan y operan como agentes infiltrados. Sin darse cuenta que tampoco eso las salvará ni las protegerá porque el sistema además, es fundamentalmente misógino.


Por eso asusta la rabia, el enojo y el reclamo. Cúrtanse. Soporten. Siglos haciéndolo nosotras. Aprendan que no muerde. 


¿Te sentiste tocado? Pasá del reclamo y hacé algo con eso. Nosotras lo hacemos todos los fuckin días de nuestra existencia. 


Saludos no cordiales. 


Myrbeth Bazán 
 

martes, 23 de junio de 2026

Se dice femicidio - Por Antonella G.



 Con frecuencia noto que la desinformación, o quizás la ignorancia, conduce a la tibieza, a la frialdad, a la pelotudez. Cuando escucho a un hombre quejarse de la justicia y decir que le pone en desventaja frente a una mujer, me sale humo de los oídos. En primer lugar porque tenés que ser una persona helada (por no decir un sorete) para preocuparte más por una “desigualdad” ante la ley (que ni siquiera existe) que por el hecho de que nos matan todos los días. “A nosotros también nos matan”, “Si un hombre denuncia violencia de género se le ríen”, a ver, siéntense en ronda, niños: te aseguro que no son mujeres las que los asesinan todos los días. Si ustedes se matan entre sí, ¿qué culpa tiene el feminismo? Si no quieren que se les rían cuando son ustedes los que necesitan denunciar, infórmense, dense cuenta que es el mismo patriarcado el enemigo y no nosotras. No somos nosotras las que nos reimos de varones violentados, son ustedes los que hacen chistes en torno a la violencia de género y niegan la opresión patriarcal. Por eso quiero aprovechar este espacio para difundir una cuestión, sobre todo en este contexto en el que nos quieren robar hasta el lenguaje: es completamente lógico decir femicidio, lo ilógico es estar en contra y decir que esto los pone en desventaja a ustedes. Cuando se habla de un homicidio agravado, por ejemplo, por vínculo de padre - hijo ¿también les parece mal que exista el agravante por vínculo? Ya sé que si la victimaria es mujer les resulta más indignante, pero el femicidio es justamente un homicidio agravado. ¿Por qué les parece mal, si en el código penal sigue siendo "homicidio agravado por mediar violencia de género (art. 80 inc. 11)”? ¿Por qué les molesta más cómo lo llamamos que lo que realmente implica? Lo mismo sucede con el transfemicidio, no vamos a dejar de usar estas palabras, porque es necesario nombrar, lo que no se nombra no se ve, lo que no se nombra permanece oculto y se cree que no existe porque nunca escuchamos eso. #NiUnaMenos

                                                                                 

                                                                                                                          Antonella G.(@rojuela.ok)


Monstrua Mítica: Medusa, por Antonella G.

 

Medusa de Caravaggio

Engendras: hijas del abismo. Año 1, número 1.
Fecha de publicación: 13/02/2026.


Fuente principal de este artículo: Diosas Guerreras y Brujas de Kate Hodges.

Tres eran las gorgonas, hijas de Forcis y Ceto, Medusa era la única mortal. Las versiones varían según el autor. En definitiva, Medusa era una joven de cabello hermoso, sacerdotisa de la diosa Atenea. La diosa y Poseidón tenían una disputa por el patronato de Atenas. Poseidón había incluso dejado a las mujeres sin derecho al voto pero, lo cierto es que la patrona de Atenas era Atenea. Al dios de los océanos, le atraía Medusa, un día la asechó y ella se refugió en el templo de su diosa, en donde él la violó. La diosa Atenea lo tomó como una ofensa, culpó a Medusa de representar la lujuria y la castigó con una maldición. Todo el que la mirase a los ojos quedaría petrificado, sus cabellos los convirtió en serpientes. En algunas versiones la maldición alcanzó a sus hermanas, convirtiendo sus pieles en escamas y demás. Las tres gorgonas se refugiaban en una isla en los confines del mundo. Perseo ayudado por los dioses, la encontró y le cortó la cabeza, de las gotas de su sangre que cayeron al suelo, nacieron los hijos del abuso, Pegaso y Crisaor. Finalmente su cabeza, que seguía petrificando a quien la mirase, fue añadida al escudo de Atenea. 

Los talismanes con la cara de Medusa protegían hornos panaderos y obras de arte que no debían tocarse. Además hay obras de artes famosas inspiradas en ella, mi favorita siempre será la Medusa de Luciano Garbati (escultor argentino).

Medusa como monstrua malvada y desagradable, fue utilizada en la jerga de las campañas políticas, contra Hillary Clinton, ponían su cabeza en la mano de un Donald Trump triunfante. A María Antonieta también la dibujaban con serpientes en su cabeza. Curiosamente el uso de la comparación despectiva con Medusa fue siempre dirigido a mujeres vinculadas con el poder.

En la actualidad Medusa es un ícono en el feminismo, porque lo cierto es que fue una jovencita abusada y culpada por ello, hoy es símbolo de fortaleza para sobrevivir a un trauma tan duro y a la injusticia patriarcal, que hoy duda de nuestras palabras, que nos juzga en lugar de juzgar a los monstruos que de verdad cometen crímenes.

Por último, quiero compartir mi interpretación del mito: lo que Atenea le otorgó a Medusa como castigo, en realidad fue un arma. Arma que la diosa usó en su favor, pero que mantuvo a Medusa a salvo de los hombres, nunca más iban a poder abusar de ella. No creo que esa haya sido la intención de la resentida diosa, pero ojalá todas tuviéramos ese poder de convertirlos en piedra. Sin duda seríamos menos víctimas del patriarcado.

                                                                                                         


                                                                                         Antonella G. (@rojuela.ok)

FE DE ERRATAS por Landra Darvulia


 

Perdidos en la inmediatez 


Hoy desayuné leyendo la noticia de que el mismo país que lleva décadas alertando sobre el peligro del adoctrinamiento comunista desde la Guerra Fría, fomenta y financia con ayuda de sectores de la iglesia evangélica, procesos de formación ideológica dirigidos a niños y adolescentes. Mediante recursos emocionales (culpa, llanto, incertidumbre, etc) y dinámicas cercanas a la disciplina militar, buscan instalar como verdad indiscutible la segunda llegada de Cristo. Una vez internalizada esa creencia, se construye un enemigo absoluto al que se atribuyen todos los males del mundo. Los ideólogos saben lo que hacen: buscan intimidar sin necesidad de confrontar abiertamente. Así, Estados Unidos, junto con quienes respaldan la ocupación de la Palestina histórica por parte del Estado ilegítimo de Israel y este último, ha contribuido a la transformación sectaria de una parte de esa iglesia. ¿Con qué fin se preguntarán? Para justificar acciones que, de otro modo, resultarían moralmente inadmisibles.

Vivimos una época en la que las élites ya no tienen la necesidad de disimular. La irrupción de la IA ha profundizado una crisis del referente: antes una fotografía o un video remitían, en principio, a un objeto real; hoy esa relación ya no puede darse por sentada. Lo real parece quedar oculto detrás de sucesivas capas de representación. Por eso todo requiere verificación constante. No obstante, la ciudadanía parece cada vez menos dispuesta a dedicar tiempo a comprender los procesos políticos que afectan su vida. El consumo rápido y los estímulos inmediatos dominan la relación con la información, el entretenimiento e incluso los vínculos humanos. En la cultura del snack audiovisual, el auge de los discursos religiosos conservadores (también presente en Argentina) avanza en detrimento del pensamiento crítico.

Así como no hace mucho desperté con la noticia de la reforma laboral, hoy cada sorbo de mate me resultó más amargo que de costumbre. Estamos parados sobre una bomba cuya explosión desconocemos. Las personas viven disociadas de la realidad, comprar comida en cuotas parece ser un hecho que practica la mayoría del pueblo argentino. ¿Hasta cuándo? Han cerrado más de 24.000 pymes; se entregó la concesión de la Hidrovía, con la consiguiente transferencia de ganancias al exterior; se impulsa la privatización o el vaciamiento de áreas estratégicas; se producen recortes del gasto público y retrocesos en derechos sociales. A ello se suman denuncias de corrupción, reformas en materia de inteligencia y modificaciones institucionales que reducen mecanismos de control y transparencia, quema de tierras para la consecuente venta. La lista es interminable. Mientras tanto, la atención pública parece desplazarse hacia el espectáculo permanente. El fútbol (y nuestros tibios representantes), las redes sociales y otras formas de entretenimiento ocupan el centro de la escena. Muchos referentes sociales y culturales permanecen en silencio frente a transformaciones profundas que afectan la soberanía, la economía y la calidad democrática. Mundial de por medio, igual que sucedió en dictadura, las bestias disfrutarán llevar a cabo los actos más miserables. Cabe remarcar que esos hechos difícilmente habrían pasado inadvertidos en otros momentos de nuestra historia reciente.

El resultado es una sensación de desguace constante del patrimonio estatal, pérdida de soberanía y debilitamiento de las herramientas públicas. El gobierno actúa con amplios márgenes de maniobra porque la capacidad colectiva de organización y resistencia se ha debilitado. Vivimos un tiempo en el que muchos sectores populares prefieren soportar condiciones cada vez más difíciles antes que identificarse con quienes consideran responsables del pasado reciente. Lo cierto es que, para quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, la voluntad individual no siempre alcanza. Una sociedad más equilibrada requiere instituciones públicas capaces de reducir desigualdades y garantizar condiciones mínimas de dignidad. Pero esas instituciones no existen por sí mismas, dependen de un Estado presente, con capacidad de intervención, planificación y protección de los derechos de los sectores más vulnerables.

Está claro que quien renuncia a comprender cómo opera el poder termina padeciendo decisiones que otros toman en su nombre. No hay soberanía posible si se quedan esperando milagros. La fe podrá otorgar consuelo, mas no reemplaza al pensamiento.

 


lunes, 22 de junio de 2026

¿Por qué nada nos une como el fútbol? por Myrbeth Bazán



           

 ¿Por qué nada nos une como el fútbol?

Las calles, la ruta, los barrios embanderados, los televisores en los negocios, en las escuelas, las caras pintadas de celeste y blanco, las bocinas y las expectativas de un resultado que nos haga festejar en medio de toda la tristeza y el desamparo. Cuando juega la selección, una oleada de argentinidad nos envuelve a todxs y aunque el fútbol ni te interese, alguien quizá te invite igual a mirar el partido o vas a cruzarte con personas que solo esperan los goles de Messi para sentirse felices y cobijados. La masividad te arrastra y te supera. Vas a cruzarte con gente que te hablará sin conocerte, que quizá mañana mismo te vuelva a ignorar pero, el día del partido de Argentina en el mundial, eso no importa. No importa de dónde sos ni adónde vas, ni que te espanta o te habita si llevás la camiseta puesta, la bandera en el hombro o lo que te hayas puesto mientras te identifique como otra/otro/otre que espera lo mismo. La cosa es que lxs demás sepan que estás más para acompañar que para evadir la pelota. 

“A mí no me importa”, dirá alguien que lea esto o cuando se hable del tema. Y si, siempre habrá a quién ni fu ni fa, ni se emocione con la vivencia ni tenga el mínimo interés en hacerlo evidente. 

Desde que en estas tierras se luchó por su independencia del reino de España en el siglo XIX o cuando se conformó el estado nación argentino a finales de ese siglo o a comienzos del siguiente, la “grieta” o lo que nos separa siempre, (aún después de dos siglos), se difuma o se soslaya ante la inminencia de un partido de fútbol. Increíble, pero tan palpable y sostenido en la historia que solo la tradición de las fechas patrióticas se le asemeja pero ni se le acerca. 

Entonces la pregunta vuelve a emerger no a modo de encontrar alguna certeza o respuesta al fenómeno que no tiene comparación en toda la historia argentina. Nada se le acerca, nada. No es un misterio por descubrir y miles de análisis sociales han podido apenas, esbozar un dibujo de la arquitectura de las emociones que emanan en un mundial de fútbol, para luego anestesiarlo o que ni siquiera llegue a la aproximación ante los más grandes atropellos que sufrimos como ciudadanos y habitantes de este país en menos tiempo que cuatro años entre un mundial y otro. Nada parece importar más que salir campeones, estar en la cima, que el mundo hable de la selección y admire a Messi que rompe fronteras con su monstruosidad futbolística. Y cuando digo nada, siento que es lo que se refleja y todxs podemos sentirlo hasta en la piel, aunque nos duela. A mí me duele, muchas personas quizá sientan lo mismo. ¿Por qué nada puede unirnos como el fútbol? Es un deporte, masivo y popular, atraviesa clases sociales e ideologías. Pero, ¿se puede suscribir a simplemente eso cuando une como ningún otro sentir en las personas que habitan un país, aunque ese país se esté desangrando de corrupción, desfinanciando en educación, salud y un saqueo nunca antes visto sin que TODO ESO nos movilice de la misma manera? 

Escribí esto porque me desborda lo que sucede, es inentendible y a la vez, te arrastra por inercia o por júbilo. Es humano enojarse y también es humano buscar momentos de refugio. Ambos conviven, a veces, en el mismo cuerpo social contradictorio.

viernes, 19 de junio de 2026

Los invasores por Myrbeth Bazán


¿Se puede escribir poesía en este contexto? 
Dejo abierta la pregunta porque la lectura no responde, sino que es territorio amplio de sentidos en el devenir de la experiencia.

Los invasores

Quieren poner de moda la pureza,
la normalidad binaria como única 
alternativa de existencia.
Quieren un poder prístino en apariencia,
lo delicado y sumiso 
como mandato absoluto,
la mujer callada y los guardianes atentos.
Quieren borrar el dolor, la muerte,
la eternidad en un paraíso insípido y neutro,
la felicidad como búsqueda constante
en rostros blancos y perfectos. 
Desdeñan lo terrorífico, lo monstruoso,
las ceremonias profanas, la oscuridad,
la derrota.
Sin tristeza que exorcizar,
el humano que prefieren 
es un híbrido que reaccione
emocional y alienado.  
En ese mundo que quieren 
no hay lugar 
para sentir miedo y recuperarte,
para el duelo o el deseo. 
Todo es mustio, 
sin la descomposición posible
de lo orgánico, 
de lo que estuvo vivo. 
Proliferan entre sus mercaderes, 
gente con la sangre destilada y tibia. 
Infestan lo vital y el tejido social
moviéndose como bacterias.
La salud que glorifican 
es a costa del hambre y la miseria. 
Desde el privilegio, 
te tratan de larva improductiva 
si resistís
la esclavitud y la entrega. 
Degradan todo lo que nombran,
niegan, escupen y mienten.  
De sus bocas
la podredumbre 
se ofrece como manjar 
masticado y concluido. 

Niegan las profundidades y
lo acontecido.
Te necesitan conectado
a sus ambiciones 
y a la vez,
desconectado de los sueños. 





lunes, 1 de junio de 2026

NO ES FICCIÓN, SON FEMICIDIOS. Por Myrbeth Bazán

Texto publicado en SUBSTAK en la cuenta de Engendras #NIUNAMENOS





Habitamos el terror a diario. La ciencia ficción distópica está acá entre nosotras, sometiendo nuestros cuerpos al deseo ajeno como incubadoras de la especie, sin considerarnos personas, solo objetos descartables. El basural, el descampado, un patio trasero, encerrarnos dentro de nuestras propias casas para matarnos y dejarnos como trofeo de lo que se niegan a aceptar. El NO como campo de disputa cuando no hay nada que discutir ni disputar porque no hay consentimiento cuando nos negamos. Nos preguntan dónde estamos y más visibles no podemos hacernos, solo que no quieren vernos y mucho menos, escucharnos. Gritar, enojarse, salir a las calles, romper todo. Hemos pedido justicia siempre y nos responden con una injusticia tras otra. Para nosotras solo hay muerte, desprotección del Estado, escarnio público y sometimiento. 

Ya no se soporta vivir rodeadas de negación y misoginia. Nos quedan las palabras y las luchas. 

Myrbeth Bazán #NIUNAMENOS #3J

Mis muertos tristes y los fantasmas sociales.

  Quienes hemos leído a Mariana Enríquez sabemos de qué van sus historias. Reina en crear universos en los que el cruce entre lo sobrenatur...