lunes, 22 de junio de 2026

¿Por qué nada nos une como el fútbol? por Myrbeth Bazán



           

 ¿Por qué nada nos une como el fútbol?

Las calles, la ruta, los barrios embanderados, los televisores en los negocios, en las escuelas, las caras pintadas de celeste y blanco, las bocinas y las expectativas de un resultado que nos haga festejar en medio de toda la tristeza y el desamparo. Cuando juega la selección, una oleada de argentinidad nos envuelve a todxs y aunque el fútbol ni te interese, alguien quizá te invite igual a mirar el partido o vas a cruzarte con personas que solo esperan los goles de Messi para sentirse felices y cobijados. La masividad te arrastra y te supera. Vas a cruzarte con gente que te hablará sin conocerte, que quizá mañana mismo te vuelva a ignorar pero, el día del partido de Argentina en el mundial, eso no importa. No importa de dónde sos ni adónde vas, ni que te espanta o te habita si llevás la camiseta puesta, la bandera en el hombro o lo que te hayas puesto mientras te identifique como otra/otro/otre que espera lo mismo. La cosa es que lxs demás sepan que estás más para acompañar que para evadir la pelota. 

“A mí no me importa”, dirá alguien que lea esto o cuando se hable del tema. Y si, siempre habrá a quién ni fu ni fa, ni se emocione con la vivencia ni tenga el mínimo interés en hacerlo evidente. 

Desde que en estas tierras se luchó por su independencia del reino de España en el siglo XIX o cuando se conformó el estado nación argentino a finales de ese siglo o a comienzos del siguiente, la “grieta” o lo que nos separa siempre, (aún después de dos siglos), se difuma o se soslaya ante la inminencia de un partido de fútbol. Increíble, pero tan palpable y sostenido en la historia que solo la tradición de las fechas patrióticas se le asemeja pero ni se le acerca. 

Entonces la pregunta vuelve a emerger no a modo de encontrar alguna certeza o respuesta al fenómeno que no tiene comparación en toda la historia argentina. Nada se le acerca, nada. No es un misterio por descubrir y miles de análisis sociales han podido apenas, esbozar un dibujo de la arquitectura de las emociones que emanan en un mundial de fútbol, para luego anestesiarlo o que ni siquiera llegue a la aproximación ante los más grandes atropellos que sufrimos como ciudadanos y habitantes de este país en menos tiempo que cuatro años entre un mundial y otro. Nada parece importar más que salir campeones, estar en la cima, que el mundo hable de la selección y admire a Messi que rompe fronteras con su monstruosidad futbolística. Y cuando digo nada, siento que es lo que se refleja y todxs podemos sentirlo hasta en la piel, aunque nos duela. A mí me duele, muchas personas quizá sientan lo mismo. ¿Por qué nada puede unirnos como el fútbol? Es un deporte, masivo y popular, atraviesa clases sociales e ideologías. Pero, ¿se puede suscribir a simplemente eso cuando une como ningún otro sentir en las personas que habitan un país, aunque ese país se esté desangrando de corrupción, desfinanciando en educación, salud y un saqueo nunca antes visto sin que TODO ESO nos movilice de la misma manera? 

Escribí esto porque me desborda lo que sucede, es inentendible y a la vez, te arrastra por inercia o por júbilo. Es humano enojarse y también es humano buscar momentos de refugio. Ambos conviven, a veces, en el mismo cuerpo social contradictorio.

2 comentarios:

  1. Todo lo que dice éste texto es una verdad imposible de desmentir. No consumo fútbol, pero cada 4 años sí, y creo que el argentino no es tonto. Vivimos en un país muy difícil y la ilusión de ganar un mundial nos permite una realidad (nuestra verdadera esencia) fuera de las grietas, las injusticias, etcétera. Escapamos, por un tiempito, de lo que no podemos o sabemos como cambiar

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  2. En algún punto coincido y en otro tengo otra visión de las cosas pero la idea del texto es reflexionar sobre el tema. Y eso hiciste, así que bienvenido sea tu aporte en ese sentido. Creo que sí podemos cambiara realidad difícil que vivimos pero esa ilusión que ponemos en el fútbol o en la selección nacional específicamente, quizá no sea trasladable cuando elegimos democráticamente (hasta ahora) el destino que como nación podemos tener. No sé, solo estamos ejercitando la reflexión y eso ya es un montón para éstos tiempos. Gracias!!

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