miércoles, 29 de julio de 2026

El cuerpo como raíz de resistencia, por Landra Darvulia.

 Volvió a recorrer con la vista los objetos de la casa. Nada de lo que había allí era suyo. Del mismo modo que su vida, no había sido nunca su vida.

Hoy terminé de leer La vegetariana, de la escritora surcoreana Han Kang. La verdad es que me llevé un sorpresón. Suelo tomarme mi tiempo para leer porque no me gusta pasar por alto los detalles, pero desde que empecé la novela anoche no pude dejarla. 

Con una prosa perturbadoramente poética, Han Kang nos cuenta la historia de Yeong-hye, una joven que, tras sufrir pesadillas recurrentes, decide dejar de comer carne. Lo que en principio parece un simple cambio de hábitos pronto se convierte en una ruptura con el orden que organiza su vida y las relaciones que la rodean.

La novela está estructurada en tres partes, narradas desde las perspectivas de quienes observan a Yeong-hye: primero, su marido, un hombre profundamente egoísta e incapaz de comprender a su esposa; luego, su cuñado, un artista fascinado por ella que intenta encontrar un sentido a su decisión; y, por último, su hermana In-hye, quizá el personaje que mejor logra comprender el peso de aquello que Yeong-hye está atravesando. Resulta significativo que la protagonista casi nunca tenga voz directa, sino que son los demás quienes hablan sobre ella, la interpretan, la juzgan y deciden qué hacer con su cuerpo y con su vida.

La historia transcurre en Corea del Sur, principalmente entre el ámbito familiar y el hospital psiquiátrico, y pone el foco en el cuerpo femenino como un territorio sobre el que otros creen tener derecho a decidir. A través de la experiencia de Yeong-hye, la novela explora las diferencias entre las categorías hombre/mujer, los mandatos sociales, el machismo, el imperativo del rendimiento, el consumismo, la alienación, la soledad y la presión constante de la mirada ajena  y cómo esta termina disciplinando los cuerpos y las conductas. No se trata únicamente de la decisión de dejar de comer carne, sino de todo aquello que esa decisión pone en evidencia.

¿Qué desafía Yeong-hye al decidir no consumir más carne? ¿Qué tensiones revela ese gesto frente a las normas que pretenden contenerla? ¿Qué cambia dentro de ella para rechazar aquello que la sociedad le impone? ¿Realmente cambia o simplemente deja salir algo que siempre estuvo allí, oculto bajo las expectativas de los demás?

Lo cierto es que ese cambio desencadena otros: cuestiona la idea misma de libertad (¿existe realmente?), el deseo sexual (¿alguna vez fue suyo?), el lugar que ocupa dentro de la familia y el rol que se espera que desempeñe como esposa. Su negativa se convierte, para quienes la rodean, en una amenaza. De pronto, ya no es una mujer que toma una decisión sobre su propio cuerpo, sino alguien que debe ser corregida, controlada o, finalmente, medicalizada.

A medida que avanza la novela, comienzan a aparecer los actos más ruines de quienes se consideran "normales" y señalan a Yeong-hye como si fuera la única que hubiera perdido la razón. Acá viene un spoiler importante. En uno de sus recuerdos de infancia evoca el día en que el perro de su padre la mordió. Como represalia, el padre ata al animal a un automóvil y lo hace correr hasta matarlo para que, según él, su carne sea más tierna. Después lo cocinan y obligan a la niña a comerla porque creen que así sanará (esa escena en mi cabeza fue brutal porque viví algo parecido de pequeña). Ese episodio permite comprender que el conflicto nunca fue únicamente el vegetarianismo. La carne deja de ser un alimento para convertirse en un símbolo de una violencia mucho más profunda, una violencia que atraviesa las relaciones familiares, los vínculos de pareja y la forma en que la sociedad espera que una mujer se comporte.

Al terminar la novela no pude evitar preguntarme quién, en su sano juicio, no querría devenir otra cosa antes que seguir siendo una mujer obligada a vivir bajo esas condiciones: con un padre que descarga su violencia sobre tu cuerpo por el simple hecho de no ser condescenediente como su hermana mayor, con un marido que te utiliza sexualmente cuando llega borracho del trabajo, con una familia que prefiere verte internada en un hospital psiquiátrico antes que aceptar que puedas decidir sobre tu propia vida.

Quizá por eso Yeong-hye desea convertirse en árbol, en flor, en vegetal. Su transformación invita a pensar que no se trata solo de una enfermedad o de una forma de locura, sino también del rechazo más radical a un mundo construido sobre la violencia, la dominación y el consumo. Dejar de ser humana para dejar de participar de esa lógica.



martes, 14 de julio de 2026

Pioneras del fútbol femenino: ¿Existen nuestras heroínas? por Myrbeth Bazán

Las jugadoras de la Selección Argentina de fútbol femenino celebran su victoria ante Inglaterra Foto: Salamanca cine, Buenos Aires Herald150, 8/3/24. 


¿Existen nuestras heroínas? 

Tomo prestada una de las preguntas que la periodista Ayelén Pujol hace al inicio de su libro ¡Qué jugadora! para esbozar apenas un bosquejo de un hecho histórico del fútbol femenino argentino. 

Después del sábado 11 de Julio pasado cuando la selección nacional se clasificó para las Semifinales del Mundial 2026 que se está disputando todavía al escribir estas palabras, y de saber que nuestro rival sería Inglaterra, presencié la explosión en redes de memes, de estadísticas, el recuerdo del 86, el Diego, los goles, el sentimiento y el reclamo por Malvinas. Pero mientras veía todo eso, no podía dejar de pensar en otro partido. Uno del que casi no se habla. 

Existió un mundial femenino en México en 1971 y aunque la FIFA no lo reconoce como oficial, en él participaron selecciones de varias naciones y hubo estadios repletos.

Las pioneras olvidadas. 

La selección argentina femenina participó en el II Mundial Femenino de México 1971 considerado no oficial porque la FIFA se negaba a realizar torneos femeninos. Digamos TODO. Recién en 1991 llegaría el reconocimiento oficial. 

Las jugadoras arribaron a México sin apoyo institucional y viajaron casi de milagro. Varias de ellas tuvieron que comprar sus propios botines, compartían las camisetas, no había cuerpo médico ni masajista ni entrenador estable. 

En el primer partido México le gana a nuestra selección por 3 a 1. Tan escandaloso y evidente fue el arbitraje desfavorable para nuestras jugadoras que hasta la prensa mexicana se hizo eco del mismo titulando: “Despojaron del partido a las Che”. Otros diarios la llamarían también “Las Evas”.  

El próximo partido sería el 21 de Agosto y el rival sería Inglaterra. Y para ilustrar los acontecimientos de ese glorioso día del fútbol argentino femenino les traigo las palabras de una de sus protagonistas Gloria “Bety” García “Les dimos un baile terrible, jugamos como los dioses. Ganamos 4 a 1 con cuatro goles de Elba Selva” (Ayelén Pujol, Página 12, 12/5/2018). 

Así es mi querida lectora, lo que estás leyendo: antes del 86’ hubo una epopeya con pies y garra de mujer y fue la de ganarle a Inglaterra en un Mundial nada menos que por 4 a 1, todos metidos en el arco por la magia de Elba Selva. Nunca otra futbolista argentina volvió a convertir 4 goles contra Inglaterra en un mundial femenino. 

Memoria y homenaje 

El próximo mes de Agosto, cuando haya pasado este mundial masculino no olvidemos una fecha muy importante. En Argentina se instituyó el “Día de la Futbolista Argentina” precisamente en homenaje al 21 de agosto de 1971 y a los cuatro goles de Elba Selva frente a Inglaterra. 

¿Por qué quedaron olvidadas? ¿Acaso no son nuestras heroínas también si le ganaron a Inglaterra aunque el mundial no haya sido reconocido oficialmente (las razones se las discuto con el cuchillo entre los dientes a cualquiera que me niegue que ese reconocimiento no se les dió hasta muchísimos años después solo por el hecho de ser mujeres. Vengan de a uno) ni por la AFA ni por la FIFA. Además, casi no hubo cobertura periodística: muchas fotos y documentos se recuperaron casi en forma exclusiva por las protagonistas de la historia aquí contada. Y no quiero dejar de lado tampoco que el éxito del fútbol masculino eclipsó completamente aquella historia.

Sin embargo, hoy muchas de esas mujeres son reconocidas como las fundadoras del fútbol femenino argentino. Y bien ganado se lo tienen. Ahora nos toca a quienes nos llega la historia, replicarla, hacerla visible y que un día ante cualquier partido contra Inglaterra, recordemos también que LAS PIONERAS hicieron historia y son nuestras heroínas. 


Dejo un especial agradecimiento a Lucía Levy de la Curva de la Moda, porque gracias a ella y su video “La historia del fútbol femenino que no te contaron” pude conocer a estas mujeres que me resuenan inspiradoras para miles de niñas, jóvenes y mujeres que aman el fútbol, lo juegan o quieren participar o están ya insertas en el deporte en forma amateur o profesional. Yo, desde esta cancha, desde mi posición en el territorio de cualquier hincha, que nunca lo jugué pero siempre reclamé mi derecho a ser una apasionada sin ser tratada con adjetivos que nunca le pondrían a cualquier varón cuando grita con la misma pasión que yo lo hago, en cada partido de la selección argentina de fútbol. 

Gracias Lucía por llevarme a leer a Ayelén Pujol y su libro ¡Qué jugadora! del que próximamente hablaré en nuestra Revista Engendras. Por ellas, por nosotras, por todas las mujeres que amamos el fútbol. 

Bibliografía 

-Canal La Curva de la Moda 

https://youtu.be/o1gehAtes5c?si=GCl0OPeDY0WXPVD

-Pujol Ayelén, ¡Qué jugadora! , 2024, Editorial Ariel 

-Documental: México 71, dirigido por Carolina Gil Solari y Carolina M. Fernández. Estrenado en Diciembre de 2023


 


Mis muertos tristes y los fantasmas sociales.

  Quienes hemos leído a Mariana Enríquez sabemos de qué van sus historias. Reina en crear universos en los que el cruce entre lo sobrenatur...