miércoles, 20 de mayo de 2026

Lisbeth Salander: Mi querida anomalía por Myrbeth Bazán en la Edición 2


¿Cómo una de las figuras feministas más potentes de la ficción contemporánea fue creada por un autor varón?

La controversia que rodea la creación de Lisbeth Salander por un autor varón no es un punto a evitar sino un punto de partida. Nos interesa justamente habitar esa tensión para pensar qué significa que una de las figuras más potentes de la ficción feminista contemporánea haya emergido de una pluma masculina. Para pensarla y no para resolverla. 

Lo que nos convoca no se resume a la autoría como dato biográfico, sino a la potencia política del personaje: una anomalía que irrumpe en el orden, una heroína que desarma lo tradicional y encarna la supervivencia frente a la violencia institucional.

El autor: periodismo, violencia y denuncia. 

En primer lugar, es necesario destacar que Stieg Larsson fue un reconocido periodista antifascista que investigó a grupos neonazis infiltrados en los poderes políticos e institucionales de su país. En vida asumió un compromiso explícito contra la violencia hacia las mujeres.

Trabajó en la revista Expo, donde escribía y denunciaba estas tramas mucho antes de convertirse en el autor de la saga que lo haría mundialmente conocido. Su conciencia política no surge de la nada: está atravesada por un trauma adolescente y por la fuerte influencia de su abuelo, militante antifascista, torturado y sobreviviente de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin romantizar sus ideales ni sus posiciones, nos interesa señalar que su proyecto literario estuvo profundamente atravesado por su militancia y su compromiso social. Escribió desde una toma de posición y no desde la neutralidad. 

En consonancia con otros escritores que supieron leer el clima político de su tiempo, hoy podemos encontrar artículos periodísticos que muestran la persistencia de la violencia de género, el hostigamiento político hacia mujeres, las tensiones entre discursos neoliberales (o directamente radicalizados en el odio) y el progresismo estatal que ha caracterizado a Suecia en las últimas décadas.

No es menor recordar que fue uno de los países que otorgó asilo a perseguidos por las dictaduras militares que gobernaron, entre los años 70 y comienzos de los 80, tanto en Argentina como en otros países de Sudamérica.

La saga como denuncia estructural

La saga Millennium, que tiene a Lisbeth Salander como figura central, no se inscribe únicamente en el género de la novela negra. Es, ante todo, una radiografía del patriarcado institucional.

La violencia sexual que atraviesa a Lisbeth es sistemática y no un hecho aislado. Se encarna, en primer lugar, en la figura de su cuidador, designado por el Estado en reemplazo de quien había ejercido ese rol desde su ingreso al sistema. Allí comienza una cadena de abusos legitimados por una estructura que debería protegerla.

Con apenas 12 años, Lisbeth presencia una brutal golpiza que su padre biológico le propina a su madre. Su respuesta no es pasiva: lo rocía con combustible e intenta prenderlo fuego. El hombre queda gravemente herido, aunque no muere. Lo que sí sobrevive intacto es su red de protección política y judicial, que le permite moverse con total impunidad.

Son esos mismos sectores de poder los que deciden la internación de Lisbeth en un instituto psiquiátrico. Allí es abusada, maltratada y despojada de su libertad, incluso económica, aun después de alcanzar la mayoría de edad. Es declarada “peligrosa”, sometida a supervisiones constantes mediante informes mensuales. Sin embargo, aprende a manipular ese dispositivo de control con la herramienta que el sistema no puede prever: su inteligencia y su maestría como hacker.

La corrupción judicial, la protección estatal a abusadores que integran redes de tráfico sexual cuyas principales víctimas son mujeres e infancias, configuran un engranaje que produce las víctimas que luego afirma querer proteger.

Lisbeth es la grieta que deja en evidencia la violencia estructural de un modelo que se pretende civilizado. No es en ningún momento, una anomalía aislada. 

(En 2022, la continuación de la saga pasó a manos de la autora sueca Karin Smirnoff, lo que abre otra dimensión interesante sobre continuidad y reescritura.)

¿De quién es Lisbeth? Autoría, lectura y disputa simbólica

¿Puede un hombre narrar la violencia estructural femenina sin caer en apropiación?

Que Lisbeth Salander haya sido creada por Stieg Larsson no cancela la identificación que muchas mujeres sentimos ni la empatía que nos causa su sentido de justicia. La pregunta por la autoría masculina es necesaria. Pero la experiencia lectora también lo es. Discutir la autoría no implica desactivar la potencia simbólica de su figura como heroína feminista. La pregunta que habilita otro debate posible y enriquecedor es qué hace esa figura en lo simbólico una vez publicada. El personaje trascendió la intención autoral en la resignificación que las lectoras le hemos dado. Su carácter de símbolo cultural va más allá de su creador, porque no funciona como fantasía masculina salvadora. 

Ella es a la vez víctima y vengadora, niña maltratada y rebelde iconoclasta, adolescente punk en apariencia y mujer competente en comportamiento. Por eso es una heroína, aplaudida por mujeres y hombres, heterosexuales, bisexuales y homosexuales; bien podría ser la fantasía de todos.

Las lectoras de la trilogía Millenium admiramos la capacidad de reinvención en las identidades que adopta Lisbeth para llevar a cabo sus exitosas venganzas físicas y virtuales contra hombres misóginos y violentos. Puede que ella no participe en la política feminista, pero es una heroína feminista en el sentido que ejemplifica la valentía y el desafío frente a la violencia, triunfando en un mundo misógino y patriarcal. 

Elegir a Lisbeth es apropiarse de la figura y reescribirla desde nuestra lectura. No va por el camino de validar la autoría por parte de un varón. Nuestro hackeo al sistema, en tanto lectoras, es visibilizar figuras que desde la ficción, operan como motor de búsqueda y encuentro.

Lisbeth Salander: engendra de ficción

Elegimos a Lisbeth Salander como Engendra de ficción porque es una figura incómoda que expone las fallas del sistema incluso en sociedades consideradas modélicas o ejemplares.

Es Engendra porque irrumpe en el sistema sin esperar aprobación ni buscar redención. Encarna la violencia estructural y la devuelve con inteligencia, estrategia y autonomía, arriesgando en ello hasta su propia vida. 

Y porque, aunque fue escrita por un autor varón, su potencia simbólica ha sido apropiada, reinterpretada y resignificada por lectoras y críticas feministas alrededor del mundo. Me incluyo, definitivamente, entre ellas.

Y eso, hermanas, también es hackear al sistema.

CHISME AGREGADO: 

Meses después de haber escrito esta columna en Engendras, investigué más sobre la relación del autor con el personajes de Lisbeth y encontré algo muy interesante. 

Resultaaaaaaa.... que Stieg Larsson dijo que el nombre “Lisbeth Salander” surgió imaginando qué pasaría si Pippi Longstocking creciera en un mundo real lleno de violencia patriarcal.

O sea: Lisbeth sería una especie de Pippi adulta traumatizada, hacker y vengativa.

¿Quién es esa Pippi? Ahí va una breve introducción: 

Pippi Longstocking (en español muchas veces traducida como Pippi Calzaslargas) es un personaje infantil creado en la década del '40 por Astrid Lindgren, una escritora sueca extremadamente famosa en Europa.

¿Quieren saber más? En la próxima charla de JUNIO tendremos "CHISMES CON LAS ENGENDRAS" por meet. Nos vemos ahí

2 comentarios:

  1. Interesante personaje. Yo solo lo conocía por las adaptaciones cinematográficas.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Hola Nicolás! En el libro puede leerse su mundo interno, sus pensamientos, lo que siente frente a todo lo que va sucediendo en su vida. Eso es lo más interesante de la lectura de la obra. Es un personaje tan poderoso y a la vez tan vulnerable que no le resulta indiferente a nadie que la conozca. Gracias por comentar. Te recomiendo el 1er libro de la 1ra trilogía. Saludos.

      Borrar

Comentario Blogg Engendras

Mis muertos tristes y los fantasmas sociales.

  Quienes hemos leído a Mariana Enríquez sabemos de qué van sus historias. Reina en crear universos en los que el cruce entre lo sobrenatur...